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Píxel y Deseo

Relatos de A Distancia · aprox. 6 min de lectura · Mayores de 18

„No aguanto más», susurra Lena, su mirada taladrando la cámara. Su vaho empaña la pantalla cuando se acerca, los labios ligeramente abiertos.

„Lo sé», dice Tim, su voz rasposa como lija. Está sentado en su estudio, la luz pálida de una lámpara de escritorio dibuja contornos duros en su rostro, hundiendo sus ojos en las sombras. „Yo tampoco.»

Son las tres de la madrugada. El mundo exterior duerme, pero entre ellos el aire vibra. Han estado hablando durante horas, bebiendo, contándose historias, dejando que los límites se difuminen. Pero ahora el silencio es diferente. Pesado. Cargado con un cosquilleo eléctrico que se arrastra bajo su piel.

„Enséñame lo que llevabas puesto», pide Lena, su voz un susurro ronco. Se recuesta, tensa la fina tela de su camiseta, marcando los contornos de sus pechos. Tim obedece, levanta la cámara, deja que la mirada recorra lentamente su torso desnudo. Los músculos se marcan, las sombras y la luz juegan un juego erótico sobre su piel. Lena se muerde el labio, sintiendo cómo se le hace la boca agua.

„Quiero sentirte», dice ella, cada palabra una confesión. „Quiero tus manos sobre mí. En todas partes.»

Tim se inclina hacia adelante, sus dedos tamborilean un ritmo nervioso sobre la mesa. „Entonces enséñame cómo.»

Lena se levanta, retrocede un paso – una danza lenta y deliberada. Sus manos encuentran el borde de la camiseta, se la quitan por la cabeza en cámara lenta. El aire fresco roza su piel ardiente, los pezones se erectan, duros y anhelantes. Ella ve cómo la mirada de Tim se ensancha, cómo abre la boca, emitiendo un sonido leve y animal.

„Continúa», exhala él, la palabra una orden.

Ella obedece. El sujetador cae, los vaqueros se deslizan sobre sus caderas con un susurro sedoso. Desnuda frente a la cámara, los brazos sueltos a los lados, su cuerpo una invitación. „¿Y ahora?»

„Tírate en la cama», ordena él, su voz profunda y oscura. „Quiero verte. Entera. Sin protección.»

Lena obedece, el colchón cede bajo ella. Abre las piernas, sintiendo el calor húmedo entre sus muslos, una promesa pulsante. Los ojos de Tim viajan sobre ella, se detienen en cada curva, cada hendidura. „Tócate», dice en voz baja. „Para mí. Muéstrame cómo te gusta.»

Su mano se desliza sobre el vientre, más abajo. Un dedo encuentra el clítoris, hinchado y húmedo. Rodea lentamente, un escalofrío la recorre. Gime suavemente, cierra los ojos, se entrega a la sensación. „Dime lo que ves.»

„Veo cómo se mojan tus dedos», responde él, su respiración agitada. „Veo cómo te retuerces, cómo se elevan tus caderas. Desearía que mi lengua estuviera ahí. Te lamería hasta que temblaras.»

„Cuéntame», jadea Lena, su voz un jadeo ahogado. „Cuéntame qué me harías. Cada detalle.»

Tim se recuesta, su mano se desliza bajo el cinturón, frotándose a través de la tela. „Te pondría boca arriba, tus piernas sobre mis hombros. Besaría tus pechos, cada pulgada, cada centímetro. Y luego hundiría mi lengua en ti, profundo, hasta que gritaras. Hasta que olvidaras mi nombre.»

Lena gime más fuerte, sus caderas se elevan, su cuerpo un arco. Se introduce dos dedos, imaginando su lengua, su sabor. „Continúa», jadea. „Continúa, estoy a punto.»

„Te daría la vuelta, te tomaría por detrás», continúa Tim, su voz ahora ronca, casi un gruñido. „Mis manos en tus caderas, tu culo contra mi vientre. Te follaría tan fuerte que olvidarías dónde estás. Que solo me sintieras a mí.»

„Sí», casi grita Lena, sus dedos trabajan más rápido. „Lo quiero, te quiero. Fóllame.»

„Correte para mí», ordena él. „Ahora. Quiero verte correrte.»

Ella obedece. Un temblor la recorre, los músculos se tensan, un grito escapa de sus labios – fuerte, incontrolado, un sonido animal. Se contrae, sintiendo cómo la ola la lleva y la deja caer, su cuerpo tiembla con las secuelas. Luego yace jadeando, la piel brillante de sudor, su corazón golpea contra las costillas.

En la pantalla, Tim ha sacado la mano de los pantalones. Respira con dificultad, sus dedos están húmedos. „Ha sido increíble», dice, su voz quebrada. „Pero no es suficiente.»

Lena se sienta, las piernas aún temblorosas, la humedad entre ellas se enfría. „Lo sé.» Coge su portátil, lo sostiene cerca, como si pudiera tocarlo a través de la pantalla. „Quiero lo real. Quiero tu olor, tu sabor. Quiero tenerte dentro de mí.»

Tim asiente, su mirada es seria. „Mañana. Reservo el próximo vuelo.»

„No», dice Lena, su voz firme, decidida. „Ahora. No puedo esperar más. Cada minuto es una tortura.»

Él mira el reloj. „Son las tres de la madrugada.»

„Me da igual.» Su voz es implacable. „Voy a ti. Dame la dirección.»

Él duda un segundo, luego dicta, cada palabra una flecha que la atraviesa. Lena teclea en su móvil, reserva el tren más temprano, sus manos tiemblan. „Estaré allí en cuatro horas.»

„Esperaré», susurra Tim. „Estaré pensando en ti todo el tiempo.»

El viaje es una tortura. Cada minuto se estira, el tren traquetea, el paisaje pasa como un sueño febril. Lena se sienta junto a la ventana, los muslos apretados, un deseo constante y punzante. Lleva solo un vestido, nada debajo. Quiere estar lista. La tela roza sus muslos, recordándole la humedad que se acumula allí, un martirio constante y dulce. Cierra los ojos, imagina a Tim, sus manos, su boca. Un leve gemido escapa de ella, que rápidamente suprime, pero el escalofrío permanece.

Cuando baja, Tim está en el andén. Parece cansado, pero sus ojos brillan, un fuego hambriento. Corren el uno hacia el otro, se funden en un abrazo. El beso es hambriento, impetuoso, un choque de dientes y lenguas. Sus manos recorren su espalda, la aprietan contra él, como si nunca pudiera soltarla. Ella siente su excitación, se presiona contra ella, su cuerpo un único grito.

„Quiero ir a casa», dice ella contra su boca. „Te quiero.»

Él toma su mano, la arrastra por las calles, los pasos rápidos, impacientes. La puerta del apartamento se cierra de golpe, y entonces se abalanzan el uno sobre el otro. La ropa vuela, los botones saltan, la tela se rasga. Él la levanta, la lleva al dormitorio, la deposita en la cama, su peso sobre ella.

„Te he echado tanto de menos», dice mientras acaricia su cuerpo, cada toque un fuego. Sus dedos encuentran el lugar húmedo, se deslizan dentro, dos a la vez. Lena gime en voz alta.

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