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Medianoche en Londres

Relatos de Fantasía · aprox. 8 min de lectura · Mayores de 18

Esta historia fue creada automáticamente con apoyo de IA. Todas las personas son mayores de edad. +18.

La ciudad aún dormía, una neblina de bruma y silencio se extendía sobre los adoquines de Kensington cuando me preparé frente a la pantalla en mi casa adosada. Mi polla ya estaba dura, apenas con pensar en Lena en mi cabeza. Yo, Max, redactor publicitario, me había embarcado en la noche para conversar con mi colega, la directora de arte Lena. Nos habíamos conocido en línea hacía meses, y desde entonces habíamos establecido una conexión regular a través de videollamadas. Nuestras conversaciones siempre estaban marcadas por una mezcla de trabajo y temas personales, pero esta noche sería diferente. Lena me había dicho hace unos días que vendría a Londres para trabajar en un proyecto, y no podía esperar para conocerla en persona por fin. En nuestras últimas llamadas no solo habíamos hablado de diseños, sino también de nuestras fantasías más profundas. Ella había confesado que se imaginaba cómo la doblaba sobre mi escritorio y le follaba el culo apretado mientras trabajaba en sus diseños. Yo le había contado cómo imaginaba lamer su coño mojado con mi lengua hasta que gritara. Esta noche, esa fantasía se haría realidad.

Respiré hondo y ajusté la cámara para asegurarme de que me veía bien. Mi polla latía en mis pantalones, y tuve que frotarla a través de la tela para aliviar la tensión. Lena y yo ya habíamos hablado de nuestro trabajo y nuestros sueños, pero sabía que nuestra conversación de esta noche alcanzaría un nuevo nivel. Sonreí al pensar en nuestras últimas charlas, en las que habíamos hablado de nuestras fantasías y deseos. Ambos resultamos ser fanáticos de las historias eróticas de fantasía, y sabía que nuestro encuentro sería una mezcla de realidad y fantasía. Al mirar a mi alrededor, noté las estanterías llenas de novelas de Anaïs Nin y otros autores, y me sentí inspirado para escribir nuestra propia historia. De repente, la computadora sonó y el rostro de Lena apareció en la pantalla. Sonrió, y sentí que mi corazón latía más rápido. Su boca estaba ligeramente abierta, y podía imaginarme cómo tomaba mi polla en ella.

Lena se veía impresionante, su piel brillaba con la luz de las farolas de Londres, y sus ojos destellaban de alegría. Llevaba un top muy escotado que resaltaba sus tetas firmes, y podía ver los pezones duros debajo. «No puedo esperar a verte, Max», dijo con una voz que temblaba de deseo. «He pensado toda la semana en cómo me follas.» Hablamos de nuestros planes para la noche, y le propuse que nos encontráramos en un restaurante cercano. Ella aceptó, y no podía esperar para abrazarla por fin. Al despedirnos, sentí una mezcla de emoción y nerviosismo. Me levanté para prepararme para nuestro encuentro, y al mirarme en el espejo, sonreí. Me puse la chaqueta, cogí las llaves y salí de la casa adosada. Mi polla estaba tan dura que presionaba contra la cremallera de mis pantalones, y tuve que colocarla en una posición más cómoda.

El restaurante era un lugar acogedor, con luces suaves y una atmósfera que nos invitaba a abrirnos. Nos sentamos en una mesa junto a la ventana, y pedí una copa de vino para los dos. Lena me miró, y me sentí perdido en sus ojos. Llevaba una falda corta que dejaba ver sus largas piernas, y casi podía oler el calor húmedo entre sus muslos. Hablamos de nuestros sueños y deseos, y le conté mi pasión por las historias eróticas de fantasía. Ella sonrió, y supe que me entendía. «Esta noche no he pensado en nada más que en tu polla dentro de mí», susurró mientras se inclinaba sobre la mesa. «Quiero que me folles duro, hasta que no pueda pensar.» Su mano se deslizó bajo la mesa y tocó mi pierna. Sentí cómo mi polla se ponía aún más dura cuando acarició suavemente mi muslo. Cuando terminamos nuestras bebidas, le propuse dar un paseo por la ciudad. La noche aún era cálida, y las estrellas brillaban sobre nosotros. Caminamos de la mano, y me sentí como en un sueño. La ciudad estaba en silencio, y estábamos solos, rodeados por la magia de la noche.

Llegamos a un pequeño parque, y le propuse que nos sentáramos en un banco. Lena aceptó, y nos sentamos uno al lado del otro. La noche estaba en calma, y me sentía seguro cerca de Lena. Hablamos de nuestras fantasías, y le conté mis sueños. Ella sonrió, y supe que me entendía. «Quiero que me tomes aquí», dijo en voz baja mientras ponía mi mano sobre su muslo. «Aquí, bajo las estrellas.» Me incliné hacia adelante, y nuestros labios se encontraron. El beso fue suave, pero apasionado, y sentí cómo mi lengua se deslizaba en su boca. Ella gimió suavemente cuando enredé mi lengua con la suya. Mi mano se deslizó bajo su falda, y sentí el calor húmedo de sus bragas. Estaban empapadas, y podía sentir los pliegues mojados de su coño a través de la tela. «Estás tan mojada», susurré mientras dejaba que mis dedos recorrieran su rendija. «Quiero probarte», dijo, y se arrodilló frente a mí en el suelo. Sus manos tiraron de mi cinturón, y la ayudé a abrir mis pantalones. Mi polla saltó, dura y palpitante, el glande brillando a la luz de la luna. Lena se inclinó y la tomó en su boca. Sus labios rodearon mi glande, y sentí cómo su lengua rodeaba la punta. «Sí, tómala profundo», gemí cuando metió toda mi polla en su garganta. Chupó con avidez, sus mejillas se hundieron, y sentí cómo me tenía hasta el fondo en su garganta. Sostuve su cabeza mientras presionaba su rostro contra mi regazo, y ella se atragantó ligeramente, pero no se detuvo. Su saliva corría por mi eje, y sentí cómo absorbía cada gota de mi placer. Tras unos minutos, se retiró, sus labios rojos e hinchados. «Quiero que me folles», jadeó. «Ahora.»

La levanté del banco y la presioné contra un árbol. Su falda se había subido, y aparté sus bragas a un lado. Su coño estaba mojado y liso, los labios hinchados de deseo. Me incliné y hundí mi lengua en su rendija. Ella gimió fuerte cuando rodeé su clítoris con mi lengua. Su jugo corría por mi barbilla, y bebí con avidez de su placer. «Fóllame, Max», gritó cuando presioné mi polla contra su húmeda entrada. Entré lentamente, su apretado coño me envolvió como un puño. Estaba tan caliente y apretada que casi me corro. «Quédate quieta», jadeé mientras me hundía profundamente en ella. Ella se aferró a mis hombros, sus uñas se clavaron en mi carne mientras la clavaba contra el árbol con embestidas duras y profundas. Cada embestida la hacía gemir, sus tetas saltaban bajo el top, y me mordí el labio para no correrme. «Sí, sí, fóllame más duro», gritó, y sentí cómo sus músculos se contraían a mi alrededor. Agarré sus caderas y hundí mi polla hasta el fondo en ella. Su coño se tensó convulsivamente, y sentí cómo se sacudía a mi alrededor cuando el orgasmo la envolvió. Su grito resonó en el parque silencioso, y me dejé llevar, bombeando mi semen profundamente dentro de ella. Sentí cómo sus paredes se contraían a mi alrededor mientras absorbía mi carga. Nos quedamos así, fundidos y jadeando, hasta que nuestros corazones se calmaron. Lena se apoyó en mí, su aliento caliente en mi cuello. «Esto fue increíble», susurró. «Quiero más.»

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