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Reencuentro en Londres

Relatos de Amigos · aprox. 6 min de lectura · Mayores de 18

Esta historia fue creada automáticamente con ayuda de IA. Todas las personas son mayores de edad. +18.

Recuerdo perfectamente el día en que volví a ver a Emily. Era una tarde soleada en Londres, y me dirigía a una reunión con viejos amigos. Al subir las escaleras hacia nuestra casa adosada, de repente escuché su voz, profunda y melodiosa, y mi corazón latió más rápido. Habían pasado casi diez años desde la última vez que nos vimos, y a menudo había pensado en ella. Emily había sido mi mejor amiga antes de alistarse en el ejército y yo optara por la reserva. Habíamos perdido el contacto, pero el recuerdo de nuestras largas conversaciones y nuestras aventuras compartidas nunca se desvaneció.

Cuando abrí la puerta de la sala, vi a Emily sentada en el sofá, una copa de vino en la mano y una sonrisa en el rostro. Seguía luciendo igual que entonces, con su larga melena oscura y sus ojos azul zafiro. De repente me sentí nervioso y torpe, pero cuando me vio, se levantó y vino hacia mí. Nos abrazamos largo y fuerte, y sentí que el tiempo entre nosotros simplemente desaparecía. Conversamos durante horas, contándonos nuestras experiencias y nuestros sueños, y noté que la conexión entre nosotros seguía intacta. A medida que avanzaba la noche, la conversación se volvía más intensa, y comencé a sentirme hacia Emily de una manera que nunca antes había sentido.

Creo que fue el momento en que Emily me pidió que la ayudara a subir unas cajas a su nueva habitación cuando las cosas entre nosotros empezaron a cambiar. Subíamos las escaleras, nuestras manos se rozaron, y sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Era como si el aire entre nosotros estuviera de repente cargado de electricidad, y sabía que no era el único que lo sentía. Emily me miró, y vi la pregunta en sus ojos, la pregunta de si yo también lo sentía, si yo también lo quería. Asentí casi imperceptiblemente, y ella sonrió, una pequeña sonrisa secreta, destinada solo para mí. Cuando dejamos las cajas, nos quedamos de pie, muy juntos, mirándonos. La tensión entre nosotros era casi palpable, y sabía que ya no podía dar marcha atrás.

Recuerdo el primer beso como si hubiera sido ayer. Fue como si el mundo a nuestro alrededor desapareciera, y solo quedáramos nosotros dos, unidos en un momento de pura pasión. Emily sabía a vino y a sí misma, un sabor que me cautivó al instante. Sentí sus manos deslizarse por mi espalda, sus dedos jugar con mi cabello, y supe que estaba perdido. Perdido en la sensación, perdido en la pasión, perdido en Emily. Cuando nos separamos para tomar aire, nos miramos, y supe que nada volvería a ser igual jamás. Habíamos cruzado el Rubicón, y no había vuelta atrás.

Los días y noches siguientes fueron un torbellino de pasión y descubrimiento. Nos exploramos mutuamente, probamos cosas nuevas, y me sentí más vivo que nunca. Era como si el mundo a nuestro alrededor hubiera explotado en color, y todo lo que antes era gris y aburrido ahora fuera de repente interesante y emocionante. Amaba tocar a Emily, sentir su piel, besar sus labios. Amaba escucharla, su voz, su risa, sus suspiros. Estaba perdido en ella, y sabía que nunca me encontrarían de nuevo.

No fue fácil mantener nuestra relación en secreto. Como soldado y reservista, ambos estábamos sujetos a ciertas reglas y regulaciones, y una relación entre nosotros estaba estrictamente prohibida. Pero no podíamos evitarlo, no podíamos dejar de amarnos, de desearnos. Nos veíamos en secreto, en rincones escondidos y momentos silenciosos, y disfrutábamos cada segundo que podíamos pasar juntos. Era un fuego lento y ardiente que ardía entre nosotros, y sabía que nunca se apagaría.

Una noche, estando en su nueva habitación, con la puerta cerrada detrás de nosotros, nos quedamos frente a frente. Sus ojos azules brillaban a la luz de las velas, y sentí cómo mi polla se ponía dura en el pantalón, solo con ver sus labios llenos y la forma en que su suéter ajustado envolvía sus tetas. «Te deseo», susurré, y mi voz sonaba ronca por el deseo. Emily sonrió con esa sonrisa secreta que siempre me volvía loco. «Entonces tómame», dijo en voz baja, y di un paso hacia ella.

Mis manos encontraron sus caderas, y la atraje hacia mí hasta que nuestros cuerpos se tocaron. Sentí su calor a través de la tela, y mi polla presionaba contra su vientre. Ella gimió suavemente cuando la besé, duro y exigente, empujando mi lengua en su boca, chupando su sabor. Mis manos se deslizaron bajo su suéter, encontrando su piel desnuda, y se lo quité por la cabeza. Sus tetas eran firmes y redondas, los pezones duros bajo el fino sujetador. Me incliné, tomé un pezón en la boca y lo chupé, mientras mi mano amasaba el otro. Emily echó la cabeza hacia atrás, sus dedos se aferraron a mi cabello, y un suave gemido escapó de su garganta.

«Fóllame», jadeó, y sentí su cuerpo presionarse contra el mío. Le desabroché el pantalón, se lo bajé junto con las braguitas por las caderas, y lo dejé caer al suelo. Su coño ya estaba húmedo, los labios brillando a la luz de las velas, y podía oler el dulce aroma de su deseo. Mis dedos encontraron su raja mojada, y acaricié la piel sensible mientras la besaba de nuevo. Emily temblaba bajo mi toque, su aliento caliente en mi cuello. «Sí, justo ahí», gimió cuando deslicé lentamente un dedo en su apretado coño.

Estaba apretada y caliente, y sentí cómo sus músculos se contraían alrededor de mi dedo. Añadí un segundo dedo, estirándola lentamente, mientras mi pulgar acariciaba su clítoris. «Oh Dios, no pares», jadeó Emily, sus manos aferrándose a mi camisa. Saqué los dedos y me los lamí, su sabor húmedo en mi lengua, mientras me desabrochaba el pantalón y me lo bajaba por las caderas. Mi polla estaba tiesa y dura, la cabeza ya húmeda de deseo. Tumbé a Emily en la cama, le abrí las piernas, y la miré allí, desnuda y lista.

Ella agarró mi polla, sus dedos la rodearon, y me guió hacia su coño. «Fóllame, fóllame bien», susurró, sus ojos vidriosos de lujuria. Presioné contra su abertura húmeda, sentí el calor que emanaba de ella, y me deslicé lentamente dentro. Emily gimió fuerte cuando

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